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domingo, 2 de febrero de 2014

Un espía en el Gobierno valenciano

Portada de EL PAÍS

El presidente valenciano, Alberto Fabra, lleva meses buscando un fantasma. Desde que en mayo del año pasado un topo empezó a filtrar contratos menores y gastos de Presidencia de la Generalitat ?y a empañar la imagen de Fabra y la de su entorno más próximo?, la caza del espía se ha convertido en una prioridad para el Gobierno valenciano.Los interrogatorios, esta misma semana, a una docena de funcionarios del departamento de Contratación de la Generalitat, en busca del posible filtrador de unas facturas, han desvelado el alto nivel de tensión y malestar existente en la Administración de Alberto Fabra. ?El término interrogatorio tiene un tono peyorativo porque se trata de un expediente informativo con todas las garantías legales y no se ha obligado a nadie a comparecer?, argumenta el vicepresidente del Gobierno valenciano, José Ciscar. Un intento de quitar hierro a unos interrogatorios grabados en audio, transcritos y firmados por los funcionarios, que han aceptado someterse al mismo, como si fuese una declaración judicial.Los sindicatos de la Administración valenciana consideran que el método utilizado por el Gobierno valenciano para buscar al espía es ?excepcional?, sobre todo si se tiene en cuenta que la Generalitat ha ignorado durante años otras denuncias sobre supuestas irregularidades mucho más graves. Lo cierto es que en apenas seis meses el topo ha logrado socavar la imagen personal de Fabra, incapaz de atajar las filtraciones sobre distintas contrataciones de asesores o gastos en viandas.Las primeras alarmas sonaron en mayo, al difundirse la contratación, con dinero público, de un asesor para que Fabra mejorase sus aptitudes de liderazgo. El escándalo al conocerse que el coach se iba a pagar con cargo al presupuesto público obligó a rectificar al presidente valenciano, que reculó y anunció que pagaría la formación de su bolsillo.La divulgación de este contrato confirmó los peores temores de Fabra. El presidente valenciano está convencido de que existe un plan, del que participan elementos de su propia Administración, para desestabilizarlo. Su repentino ascenso al poder ?sustituyó en julio de 2011 al dimitido Francisco Camps por designación del PP nacional? provocó que algunos sectores del partido en la Comunidad Valenciana cuestionasen el liderazgo de Fabra. Unas críticas que se convirtieron en profundo malestar tras anunciar el presidente de la Generalitat que no incluiría cargos imputados en las candidaturas municipales y autonómicas de 2015. Una declaración de la que el propio Fabra se ha convertido en rehén y que le llevó el año pasado a forzar la salida del PP de Rafael Blasco, que había sido su portavoz en las Cortes Valencianas y exconsejero de Francisco Camps y Eduardo Zaplana.En la dirección regional del PP nadie quiere hablar abiertamente, pero todos destacan la coincidencia entre el inicio de las filtraciones, la aparición en escena de una desconocida Asociación contra la Corrupción en la Comunidad Valenciana y las presiones a Blasco ?hoy sentado en el banquillo por un fraude millonario en las ayudas a la cooperación en su etapa de consejero? para que abandonase el PP.La Asociación contra la Corrupción, vinculada al sindicato Manos Limpias, ha impulsado, sin demasiado éxito hasta ahora, la presentación de querellas por supuestos casos de corrupción contra Fabra; el secretario regional del PP, Serafín Castellano, y la secretaria autonómica de Organización de Presidencia de la Generalitat, Esther Pastor.Casualidad o no, lo cierto es que las filtraciones del topo han afectado en exclusiva a la Consejería de Presidencia y, casi todas ellas se refieren a Fabra y a Pastor, una persona de la estricta confianza del presidente valenciano desde su etapa de alcalde de Castellón, que ha acumulado poder e influencia y despertado no pocos recelos en el propio Gobierno valenciano. Así, tras el escándalo del coach, el topo, en semanas sucesivas, ha filtrado la contratación de un cocinero en Presidencia, el pago de cursos de comunicación, la nómina de Fabra y distintos gastos en hoteles y viandas autorizados por Pastor.La fuga continuada de información, más allá del debate sobre la transparencia de la Administración valenciana, ha tenido dos efectos indeseados para Fabra. Por un lado, las bromas sobre el topo han crecido en la calle al mismo ritmo que aumentaban la crispación en el Gobierno. Por otro, el espía ha creado un clima de desconfianza que ha acabado por distanciar a Fabra de su vicepresidente, a cuyo departamento se le atribuyó inicialmente el origen de las filtraciones.Ahora, tras meses de tensión, Fabra confía en que la investigación interna y una denuncia presentada ante Fiscalía sean suficientes para detener al espía ?por el bien de la institución?.

 

 

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